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lunes, 23 de noviembre de 2015
TESTIMONIOS CATÓLICOS 2
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viernes, 20 de noviembre de 2015
TESTIMONIOS CATÓLICOS 1
jueves, 29 de octubre de 2015
LA CONCIENCIA
Puesto que la conciencia es centro de la persona y guía de su obrar natural, esfuércense activamente por formarla recta y madura, temerosa de Dios, abierta siempre al bien y a las inspiraciones del Espíritu Santo, capaz de discernir lo bueno de lo malo y de la mentira, y eviten la insinceridad y la inautenticidad, tan contrarias al espíritu de Cristo.
Pero, ¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se forma? ¿Cómo saber qué tipo de conciencia tiene la persona a quien dirijo y cómo influyen ciertas corrientes de pensamiento del mundo actual en la formación de su conciencia? Son temas tan esenciales para una orientadora espiritual que requerirían todo un libro. Haremos un resumen ilustrativo y práctico a la vez.
1) ¿Qué es la conciencia?
Veamos algunas definiciones tratando de comprender su contenido:
“Es un juicio de la razón mediante el cual la persona examina la bondad o malicia de una acción en razón de la relación de ésta con la norma moral universal, de suerte que todo hombre esté en situación de realizar en el modo singular e irrepetible que le es propio, las exigencias de la verdad objetiva de su ser personal como tal” (C. Caffarra en Vida en Cristo. EUNSA. Pamplona. 1988 p. 114).
“Es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla” (Documentos del Vaticano II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, GS, n. 16).
“Es la capacidad de percibir el bien y el mal y de inclinar nuestra voluntad a hacer el bien y evitar el mal”.
“Es la “anamnesis” (memoria) del Creador (Card. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Rialp. 2ª ed. Madrid 1998. Págs 64-71).
“La conciencia es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho”) (Catecismo de la Iglesia Católica, Asc. Editores del Catecismo, España, 1992, n. 1778, p. 404).
La conciencia formada rectamente garantizará la realización personal. En cambio, una conciencia deformada donde se anidan la doblez, la insinceridad y la hipocresía, se convertirá en fuente de división interior, de tinieblas, de zozobra y de fracaso.
2) Funciones de la conciencia.
a) Percibir el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse. Por ejemplo, un joven invitado a ver una película pornográfica, si tiene una conciencia formada se dará cuenta que “no está bien hacerlo”; pero si no la tiene formada dirá “no hay nada de malo, todo el mundo las ve”.
b) Impeler a hacer el bien y evitar el mal (fuerza que lleva a la acción). En el primer caso sentirá la fuerza para elegir «no voy», mientras que en el segundo dirá «voy»; y
c) Emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho; en la conciencia bien formada habrá aprobación y paz subsecuentes al hecho de haber elegido objetivamente el bien, o sobrevendrá el remordimiento y la desaprobación si no eligió conforme al juicio de su conciencia.
En la conciencia se dan dos tipos de juicios: el juicio de discernimiento (juzgo la bondad o malicia del acto: «ver una película pornográfica está mal porque no presenta la verdad sobre la sexualidad humana rebajándola y fomentando en mí la impureza») y el juicio de elección (puesto que está mal, opto: «no veré la película pornográfica aunque mis amigos me ridiculicen»). En el juicio de discernimiento interviene y se pone en juego la razón iluminada por principios de la ley natural o de la ley positiva; en el juicio de elección, la voluntad movida por valores, ideales. La razón queda iluminada por la virtud de la fe; la voluntad se mueve por la virtud de la caridad: el amor.
3) ¿Cómo se forma?
Como hemos podido constatar, la conciencia no es una facultad diversa de la razón y la voluntad; por lo tanto, formando éstas como indicábamos en el apartado correspondiente, formaremos la conciencia. Resumiendo, diríamos:
a) Buscar que la fe y la verdad objetiva guíen la razón: verdad del ser, del pensar, del actuar.
b) Formar la voluntad en el amor al bien objetivo por encima del bien egoísta; el bien moral por encima del bien útil o placentero de las pasiones, de los sentimientos y de los afectos desordenados.
c) Hacer de Jesucristo el criterio, centro y motor de la conciencia.
d) Atender a las inspiraciones del Espíritu Santo.
e) Y puesto que la vocación a la vida religiosa es un llamado para una misión, aquí entra de lleno, como preocupación esencial en la formación de la conciencia, el cumplimiento de la misión. "Es bueno cuanto me ayuda a cumplir la misión y es malo cuanto me aparta de ella”.
Como algo más práctico, podemos enseñar a hacer bien los exámenes de conciencia, preparar bien las direcciones espirituales, hacer buenas confesiones, seguir los programas de vida y ayudar siempre a tener presente la invitación de Jesucristo: “vigilad y orad”.
4) ¿Por qué es importante formar la conciencia?
Porque Dios la ha dado al hombre como medio para conocer y realizar su voluntad santísima, alcanzando así su último fin. Porque, como decíamos en la definición, en la conciencia el hombre escucha la voz de Dios y se abre a ella o se cierra. Por tanto, la conciencia diferencia al hombre de los seres inferiores, y lo constituye en persona humana libre y responsable de sus actos. En consecuencia, alcanza una importancia vital el formarla recta, delicada e insobornable.
"Cuando un hombre forma una conciencia recta y alcanza un buen grado de madurez, automáticamente tenemos al hombre justo, responsable, trabajador, exigente consigo mismo. Podrá tener, como creatura débil que es por naturaleza, caídas y momentos de debilidad, pero su misma conciencia le ayudará a rectificar rápidamente y a seguir su camino con nuevos bríos. No permite la corrupción del principio, señal inequívoca de la corrupción de la conciencia, ni se hace su ascética y su moral personal. El hombre recto sabe dar a Dios lo que es de Dios y al prójimo lo que es del prójimo, ama la verdad y vive en ella; ama la justicia y detesta la iniquidad; es fiel en sus compromisos con Dios y con los hombres; guarda y mantiene la palabra dada; es auténtico y vive la propia identidad...
Ocupando las veces del divino Maestro, el orientador moral nos escucha en un clima de fe: analiza junto con nosotros nuestra situación personal, con sus logros y proyectos, con sus conflictos y posibilidades; repasa con nosotros el plan de Dios, el Evangelio, colaborando con el Espíritu Santo a modelar nuestra conciencia. Supone, por parte nuestra, una actitud de fe sobrenatural, de madurez humana, de honestidad, de rectitud, sin buscar paliativos o sofismas - de edad, saber o santidad propias- de confianza, de claridad y de responsabilidad".
Pero para formar la conciencia en la dirección espiritual se considera como algo imprescindible la apertura y la sinceridad del dirigido. Ordinariamente existe una resistencia natural a manifestar la propia conciencia y el propio estado de ánimo. Con quien asiste a la dirección espiritual sólo por cumplir con un compromiso o buscando una compensación afectiva o sentimental, tendremos necesidad de mucha paciencia; deberemos tratarle con prudencia, sin presionarla, pero motivándola y haciéndole ver los beneficios de la dirección espiritual en su vida, dando el tiempo necesario para que logre formar su conciencia de acuerdo con las exigencias del Evangelio.
También deberemos evitar el infantilismo. Este consiste en actuar solamente bajo las indicaciones del orientador espiritual sin ninguna convicción personal. La orientadora espiritual ha de propiciar la madurez humana de su dirigida, de formar rectamente su conciencia y hacerle interiorizar los principios cristianos y de concretizados en las Constituciones y reglamentos; de que adquiera autonomía, seguridad personal e independencia frente a los ambientes favorables o adversos, y así puedan sacar de la propia interioridad el sentido, la motivación y la dirección de sus acciones y comportamientos.
5) ¿Cómo conocer el tipo de conciencia que tiene mi dirigida?
La conciencia debe formarse recta y cierta. Debe «amar hacer el bien y hacerlo bien». De aquí podemos partir para ver cómo es la conciencia de nuestros dirigidos y cómo ayudarles.
a) En relación a la razón. ¿Cómo son sus criterios? ¿Están iluminados con doctrina buena: Evangelio, Magisterio, mandamientos, ley natural? Tendrá conciencia recta. Por el contrario, ¿su razón ha sido oscurecida por la ignorancia, el relativismo moral, el utilitarismo, el hedonismo, los malos ejemplos, el permisivismo? Si es así, sus juicios le llevarán al error y sus elecciones equívocas no le conducirán a su realización humana y cristiana. Su conciencia será falsa, laxa o escrupulosa, legalista, liberal. Puede existir también la conciencia dudosa por no tener claros los principios, para actuar hay que salir de la duda.
b) En relación a la voluntad. Puede tener claros los principios y hacer juicios rectos, pero... ¿Los sigue? ¿Por qué no? ¿Dónde radica su falta de voluntad? ¿Orgullo y rebeldía? ¿Falta de abnegación y de amor? ¿Afectividad no formada? ¿Miedo al qué dirán o a ir contracorriente? De aquí brotan las conciencias deformadas, adormecidas, domesticadas, farisaicas. Si por el contrario permanece fiel a su conciencia, tendremos una conciencia madura, auténtica y delicada.
c) A nivel de «opción fundamental». ¿Qué ama con todo su corazón? ¿Ha optado por amar a Dios por encima de todo? ¿Está anclado y decidido a cumplir la voluntad de Dios en su vida? ¿Qué tipo de persona busca ser? Su amor constituirá el peso de la balanza que guíe sus decisiones.
La manifestación de la conciencia es la materia propia de la dirección espiritual: exponer el modo de proceder, los criterios, los deseos surgidos en el interior, las opciones hechas con la intención de ordenarlos a la luz de Dios. No a todas las personas les resulta fácil hablar de cuanto llevan dentro. A unos les da vergüenza y esquivan hablar de aspectos personales; otros se quedan en vaguedades; y no faltan quienes se sienten insatisfechos si no cuentan hasta los más mínimos detalles y circunstancias. Tarea propia de la orientadora espiritual será ayudar a unos y otros a abrirse con sencillez, claridad y equilibrio.
¿Cómo se puede ayudar a alguien en la manifestación de conciencia? En realidad, aunque parezca fácil decirlo, no hay recetas mágicas. Una técnica para ayudar a los tímidos, consiste en crearles, sobretodo en las primeras citas, un ambiente de amistad y de interés por sus personas, familia, ocupaciones, vida pasada. El dirigido, al hablar de tales cosas, dejará salir cuanto lleva en su corazón. A los que son prolijos, detallistas y quieren contar hasta el mínimo detalle, les dejaremos explayarse en la primera cita, pero luego, poco a poco, se les ayudará a discernir lo importante y a ser breves.
También hay que considerar el caso de quienes eluden sus verdaderos problemas por vergüenza. Necesitan sentir confianza en la orientadora espiritual, pues de lo contrario nunca se abrirán; incluso a veces esperarán la intuición de la orientadora espiritual sobre su situación y querrán que ella dé el primer paso, deberá hacerlo con delicadeza, indirectamente, hasta provocar en la dirigida el valor necesario para decir lo que tanto le cuesta.
En ocasiones las cosas no se dicen directamente, debemos aprender a captar esto. Implica advertir entre la narración de los hechos, algunos referidos sin ningún énfasis pero que manifiestan aspectos relevantes de la situación. ¿Qué hacer en esos casos? La orientadora tiene necesidad de dar un nuevo enfoque al análisis de la situación; debe proceder suavemente hacia ese nuevo enfoque con alguna pregunta oportuna que esclarezca tales aspectos.
En este punto surge una duda: ¿Conviene hacer preguntas o basta atenerse a lo manifestado? Cuando la orientadora espiritual no le consta la certeza de obtener una buena interpretación de su pregunta, o cuando exista el riesgo de escandalizar con la misma, debe abstenerse en ese momento. Pero, por el contrario, si ya se tiene confianza, puede preguntar con tranquilidad, pero siempre con delicadeza y respeto.
Debemos ver el valor real de lo que se dice. A veces la orientadora deberá recordar que muchas veces las palabras usadas por la dirigida no son un reflejo exacto de la situación real. Por ejemplo, en los casos de mucho dolor y emotividad, en los casos donde hay pasión, rencor, ira, las expresiones usadas por la dirigida pueden ser extremas, expresión más del estado anímico que de la situación real. De ahí la necesidad de la orientadora espiritual de saber interpretar el lenguaje, mejor dicho, de interpretar el género del lenguaje, el estilo del lenguaje. La orientadora tratará de entender el contexto del estado de ánimo actual de su dirigida, porque seguramente a medio día ya habrán cambiado las cosas. La orientadora espiritual debe exigirse a sí misma este esfuerzo de interpretación.
6) Influencia de ciertas corrientes del pensamiento actual sobre la formación de la conciencia.
La contradicción entre lo que se cree y lo que se vive resulta cada vez más frecuente en la vida de numerosos personas. Pero, además de esta incoherencia arrastrada por las personas a través de los siglos, hoy se dan fenómenos muy preocupantes, como el relativismo moral y doctrinal causadas por el utilitarismo, el hedonismo o por determinadas corrientes de pensamiento liberal y de esto tampoco están exentas las mujeres consagradas.
Penetremos un poco en el relativismo moral dada su actualidad en la vida de muchas personas, y su presencia destructora, aún en ambientes y grupos que se denominan «católicos». Un cristiano auténtico y coherente con su fe, debe tener una actitud de comprensión ante los hechos negativos de la vida de quienes le rodean, pero nunca debe justificar el mal. No debe condenar al pecador, pero sí el pecado y las estructuras de pecado.
Para un buen número de personas la verdad moral es relativa. No creen en la existencia de normas morales universales, cada uno se forma su propia opinión o se guía por el pensar de la mayoría. Se ve la conciencia como «creadora» de la verdad y no como «servidora» de la verdad inscrita en lo más íntimo del ser del hombre por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Esta ruptura entre libertad y verdad, entre el juicio moral subjetivo y la bondad o maldad objetiva de las cosas, hace al hombre esclavo de sus pasiones, de sus opiniones y crea una sociedad caótica. Por eso se ha llegado a justificar o a legalizar lo que es intrínsecamente malo, por ejemplo el aborto, la eutanasia, las relaciones sexuales prematrimoniales, los matrimonios entre homosexuales, etc. “Se hace un derecho lo que es un delito” ha dicho Juan Pablo II en relación al aborto. (Se recomienda leer los documentos “Evangelium vitae” y “Veritatis Splendor” de S.S. Juan Pablo).
El lenguaje se pervierte y se manipula, se le vacía de significado real. Por ejemplo, si preguntamos a una pareja si se aman, aparece la duda sobre la interpretación que darán al «amor». ¿Qué significado se da a esta palabra? Desgraciadamente las respuestas pueden ser totalmente contradictorias.
Nos encontramos envueltos en una gran confusión de valores sobre la educación, la vida conyugal y familiar y en la vida religiosa estos gérmenes tratan de introducirse y contaminar a las almas consagradas en una exaltación de la libertad como ausencia de normas y de referencia al absoluto y trascendente. Se llega a proclamar el derecho de cada quien a construir su vida en conformidad con su propia verdad, llegando hasta matar al inocente o ir en contra de las leyes naturales. El Papa Juan Pablo II, gran defensor de la dignidad y de la verdad del hombre, denuncia al siglo XX como una nueva época de la Torre de Babel; una época en la cual la sociedad no se entiende, precisamente porque cada hombre tiene el lenguaje que le interesa.
¿Cómo le haremos ver a una persona cuando sus valores, ideas y comportamientos se han apartado de un esquema moral objetivo, si esta persona percibe su alrededor repleto de opiniones distintas a cuantas se le proponen? Recurriendo a las fuentes de la verdad ya mencionadas. En este sentido, debemos agradecer a Dios por la Iglesia y su Magisterio auténtico. Defensora y servidora de la verdad, la Iglesia no «impone», más bien defiende la dignidad de la persona humana y el bien de la sociedad.
Pero, ¿Qué es la conciencia? ¿Cómo se forma? ¿Cómo saber qué tipo de conciencia tiene la persona a quien dirijo y cómo influyen ciertas corrientes de pensamiento del mundo actual en la formación de su conciencia? Son temas tan esenciales para una orientadora espiritual que requerirían todo un libro. Haremos un resumen ilustrativo y práctico a la vez.
1) ¿Qué es la conciencia?
Veamos algunas definiciones tratando de comprender su contenido:
“Es un juicio de la razón mediante el cual la persona examina la bondad o malicia de una acción en razón de la relación de ésta con la norma moral universal, de suerte que todo hombre esté en situación de realizar en el modo singular e irrepetible que le es propio, las exigencias de la verdad objetiva de su ser personal como tal” (C. Caffarra en Vida en Cristo. EUNSA. Pamplona. 1988 p. 114).
“Es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla” (Documentos del Vaticano II, Const. Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, GS, n. 16).
“Es la capacidad de percibir el bien y el mal y de inclinar nuestra voluntad a hacer el bien y evitar el mal”.
“Es la “anamnesis” (memoria) del Creador (Card. J. Ratzinger, Verdad, valores, poder. Rialp. 2ª ed. Madrid 1998. Págs 64-71).
“La conciencia es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho”) (Catecismo de la Iglesia Católica, Asc. Editores del Catecismo, España, 1992, n. 1778, p. 404).
La conciencia formada rectamente garantizará la realización personal. En cambio, una conciencia deformada donde se anidan la doblez, la insinceridad y la hipocresía, se convertirá en fuente de división interior, de tinieblas, de zozobra y de fracaso.
2) Funciones de la conciencia.
a) Percibir el bien y el mal como algo por hacerse o evitarse. Por ejemplo, un joven invitado a ver una película pornográfica, si tiene una conciencia formada se dará cuenta que “no está bien hacerlo”; pero si no la tiene formada dirá “no hay nada de malo, todo el mundo las ve”.
b) Impeler a hacer el bien y evitar el mal (fuerza que lleva a la acción). En el primer caso sentirá la fuerza para elegir «no voy», mientras que en el segundo dirá «voy»; y
c) Emitir juicios sobre la bondad o maldad de lo hecho; en la conciencia bien formada habrá aprobación y paz subsecuentes al hecho de haber elegido objetivamente el bien, o sobrevendrá el remordimiento y la desaprobación si no eligió conforme al juicio de su conciencia.
En la conciencia se dan dos tipos de juicios: el juicio de discernimiento (juzgo la bondad o malicia del acto: «ver una película pornográfica está mal porque no presenta la verdad sobre la sexualidad humana rebajándola y fomentando en mí la impureza») y el juicio de elección (puesto que está mal, opto: «no veré la película pornográfica aunque mis amigos me ridiculicen»). En el juicio de discernimiento interviene y se pone en juego la razón iluminada por principios de la ley natural o de la ley positiva; en el juicio de elección, la voluntad movida por valores, ideales. La razón queda iluminada por la virtud de la fe; la voluntad se mueve por la virtud de la caridad: el amor.
3) ¿Cómo se forma?
Como hemos podido constatar, la conciencia no es una facultad diversa de la razón y la voluntad; por lo tanto, formando éstas como indicábamos en el apartado correspondiente, formaremos la conciencia. Resumiendo, diríamos:
a) Buscar que la fe y la verdad objetiva guíen la razón: verdad del ser, del pensar, del actuar.
b) Formar la voluntad en el amor al bien objetivo por encima del bien egoísta; el bien moral por encima del bien útil o placentero de las pasiones, de los sentimientos y de los afectos desordenados.
c) Hacer de Jesucristo el criterio, centro y motor de la conciencia.
d) Atender a las inspiraciones del Espíritu Santo.
e) Y puesto que la vocación a la vida religiosa es un llamado para una misión, aquí entra de lleno, como preocupación esencial en la formación de la conciencia, el cumplimiento de la misión. "Es bueno cuanto me ayuda a cumplir la misión y es malo cuanto me aparta de ella”.
Como algo más práctico, podemos enseñar a hacer bien los exámenes de conciencia, preparar bien las direcciones espirituales, hacer buenas confesiones, seguir los programas de vida y ayudar siempre a tener presente la invitación de Jesucristo: “vigilad y orad”.
4) ¿Por qué es importante formar la conciencia?
Porque Dios la ha dado al hombre como medio para conocer y realizar su voluntad santísima, alcanzando así su último fin. Porque, como decíamos en la definición, en la conciencia el hombre escucha la voz de Dios y se abre a ella o se cierra. Por tanto, la conciencia diferencia al hombre de los seres inferiores, y lo constituye en persona humana libre y responsable de sus actos. En consecuencia, alcanza una importancia vital el formarla recta, delicada e insobornable.
"Cuando un hombre forma una conciencia recta y alcanza un buen grado de madurez, automáticamente tenemos al hombre justo, responsable, trabajador, exigente consigo mismo. Podrá tener, como creatura débil que es por naturaleza, caídas y momentos de debilidad, pero su misma conciencia le ayudará a rectificar rápidamente y a seguir su camino con nuevos bríos. No permite la corrupción del principio, señal inequívoca de la corrupción de la conciencia, ni se hace su ascética y su moral personal. El hombre recto sabe dar a Dios lo que es de Dios y al prójimo lo que es del prójimo, ama la verdad y vive en ella; ama la justicia y detesta la iniquidad; es fiel en sus compromisos con Dios y con los hombres; guarda y mantiene la palabra dada; es auténtico y vive la propia identidad...
Ocupando las veces del divino Maestro, el orientador moral nos escucha en un clima de fe: analiza junto con nosotros nuestra situación personal, con sus logros y proyectos, con sus conflictos y posibilidades; repasa con nosotros el plan de Dios, el Evangelio, colaborando con el Espíritu Santo a modelar nuestra conciencia. Supone, por parte nuestra, una actitud de fe sobrenatural, de madurez humana, de honestidad, de rectitud, sin buscar paliativos o sofismas - de edad, saber o santidad propias- de confianza, de claridad y de responsabilidad".
Pero para formar la conciencia en la dirección espiritual se considera como algo imprescindible la apertura y la sinceridad del dirigido. Ordinariamente existe una resistencia natural a manifestar la propia conciencia y el propio estado de ánimo. Con quien asiste a la dirección espiritual sólo por cumplir con un compromiso o buscando una compensación afectiva o sentimental, tendremos necesidad de mucha paciencia; deberemos tratarle con prudencia, sin presionarla, pero motivándola y haciéndole ver los beneficios de la dirección espiritual en su vida, dando el tiempo necesario para que logre formar su conciencia de acuerdo con las exigencias del Evangelio.
También deberemos evitar el infantilismo. Este consiste en actuar solamente bajo las indicaciones del orientador espiritual sin ninguna convicción personal. La orientadora espiritual ha de propiciar la madurez humana de su dirigida, de formar rectamente su conciencia y hacerle interiorizar los principios cristianos y de concretizados en las Constituciones y reglamentos; de que adquiera autonomía, seguridad personal e independencia frente a los ambientes favorables o adversos, y así puedan sacar de la propia interioridad el sentido, la motivación y la dirección de sus acciones y comportamientos.
5) ¿Cómo conocer el tipo de conciencia que tiene mi dirigida?
La conciencia debe formarse recta y cierta. Debe «amar hacer el bien y hacerlo bien». De aquí podemos partir para ver cómo es la conciencia de nuestros dirigidos y cómo ayudarles.
a) En relación a la razón. ¿Cómo son sus criterios? ¿Están iluminados con doctrina buena: Evangelio, Magisterio, mandamientos, ley natural? Tendrá conciencia recta. Por el contrario, ¿su razón ha sido oscurecida por la ignorancia, el relativismo moral, el utilitarismo, el hedonismo, los malos ejemplos, el permisivismo? Si es así, sus juicios le llevarán al error y sus elecciones equívocas no le conducirán a su realización humana y cristiana. Su conciencia será falsa, laxa o escrupulosa, legalista, liberal. Puede existir también la conciencia dudosa por no tener claros los principios, para actuar hay que salir de la duda.
b) En relación a la voluntad. Puede tener claros los principios y hacer juicios rectos, pero... ¿Los sigue? ¿Por qué no? ¿Dónde radica su falta de voluntad? ¿Orgullo y rebeldía? ¿Falta de abnegación y de amor? ¿Afectividad no formada? ¿Miedo al qué dirán o a ir contracorriente? De aquí brotan las conciencias deformadas, adormecidas, domesticadas, farisaicas. Si por el contrario permanece fiel a su conciencia, tendremos una conciencia madura, auténtica y delicada.
c) A nivel de «opción fundamental». ¿Qué ama con todo su corazón? ¿Ha optado por amar a Dios por encima de todo? ¿Está anclado y decidido a cumplir la voluntad de Dios en su vida? ¿Qué tipo de persona busca ser? Su amor constituirá el peso de la balanza que guíe sus decisiones.
La manifestación de la conciencia es la materia propia de la dirección espiritual: exponer el modo de proceder, los criterios, los deseos surgidos en el interior, las opciones hechas con la intención de ordenarlos a la luz de Dios. No a todas las personas les resulta fácil hablar de cuanto llevan dentro. A unos les da vergüenza y esquivan hablar de aspectos personales; otros se quedan en vaguedades; y no faltan quienes se sienten insatisfechos si no cuentan hasta los más mínimos detalles y circunstancias. Tarea propia de la orientadora espiritual será ayudar a unos y otros a abrirse con sencillez, claridad y equilibrio.
¿Cómo se puede ayudar a alguien en la manifestación de conciencia? En realidad, aunque parezca fácil decirlo, no hay recetas mágicas. Una técnica para ayudar a los tímidos, consiste en crearles, sobretodo en las primeras citas, un ambiente de amistad y de interés por sus personas, familia, ocupaciones, vida pasada. El dirigido, al hablar de tales cosas, dejará salir cuanto lleva en su corazón. A los que son prolijos, detallistas y quieren contar hasta el mínimo detalle, les dejaremos explayarse en la primera cita, pero luego, poco a poco, se les ayudará a discernir lo importante y a ser breves.
También hay que considerar el caso de quienes eluden sus verdaderos problemas por vergüenza. Necesitan sentir confianza en la orientadora espiritual, pues de lo contrario nunca se abrirán; incluso a veces esperarán la intuición de la orientadora espiritual sobre su situación y querrán que ella dé el primer paso, deberá hacerlo con delicadeza, indirectamente, hasta provocar en la dirigida el valor necesario para decir lo que tanto le cuesta.
En ocasiones las cosas no se dicen directamente, debemos aprender a captar esto. Implica advertir entre la narración de los hechos, algunos referidos sin ningún énfasis pero que manifiestan aspectos relevantes de la situación. ¿Qué hacer en esos casos? La orientadora tiene necesidad de dar un nuevo enfoque al análisis de la situación; debe proceder suavemente hacia ese nuevo enfoque con alguna pregunta oportuna que esclarezca tales aspectos.
En este punto surge una duda: ¿Conviene hacer preguntas o basta atenerse a lo manifestado? Cuando la orientadora espiritual no le consta la certeza de obtener una buena interpretación de su pregunta, o cuando exista el riesgo de escandalizar con la misma, debe abstenerse en ese momento. Pero, por el contrario, si ya se tiene confianza, puede preguntar con tranquilidad, pero siempre con delicadeza y respeto.
Debemos ver el valor real de lo que se dice. A veces la orientadora deberá recordar que muchas veces las palabras usadas por la dirigida no son un reflejo exacto de la situación real. Por ejemplo, en los casos de mucho dolor y emotividad, en los casos donde hay pasión, rencor, ira, las expresiones usadas por la dirigida pueden ser extremas, expresión más del estado anímico que de la situación real. De ahí la necesidad de la orientadora espiritual de saber interpretar el lenguaje, mejor dicho, de interpretar el género del lenguaje, el estilo del lenguaje. La orientadora tratará de entender el contexto del estado de ánimo actual de su dirigida, porque seguramente a medio día ya habrán cambiado las cosas. La orientadora espiritual debe exigirse a sí misma este esfuerzo de interpretación.
6) Influencia de ciertas corrientes del pensamiento actual sobre la formación de la conciencia.
La contradicción entre lo que se cree y lo que se vive resulta cada vez más frecuente en la vida de numerosos personas. Pero, además de esta incoherencia arrastrada por las personas a través de los siglos, hoy se dan fenómenos muy preocupantes, como el relativismo moral y doctrinal causadas por el utilitarismo, el hedonismo o por determinadas corrientes de pensamiento liberal y de esto tampoco están exentas las mujeres consagradas.
Penetremos un poco en el relativismo moral dada su actualidad en la vida de muchas personas, y su presencia destructora, aún en ambientes y grupos que se denominan «católicos». Un cristiano auténtico y coherente con su fe, debe tener una actitud de comprensión ante los hechos negativos de la vida de quienes le rodean, pero nunca debe justificar el mal. No debe condenar al pecador, pero sí el pecado y las estructuras de pecado.
Para un buen número de personas la verdad moral es relativa. No creen en la existencia de normas morales universales, cada uno se forma su propia opinión o se guía por el pensar de la mayoría. Se ve la conciencia como «creadora» de la verdad y no como «servidora» de la verdad inscrita en lo más íntimo del ser del hombre por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Esta ruptura entre libertad y verdad, entre el juicio moral subjetivo y la bondad o maldad objetiva de las cosas, hace al hombre esclavo de sus pasiones, de sus opiniones y crea una sociedad caótica. Por eso se ha llegado a justificar o a legalizar lo que es intrínsecamente malo, por ejemplo el aborto, la eutanasia, las relaciones sexuales prematrimoniales, los matrimonios entre homosexuales, etc. “Se hace un derecho lo que es un delito” ha dicho Juan Pablo II en relación al aborto. (Se recomienda leer los documentos “Evangelium vitae” y “Veritatis Splendor” de S.S. Juan Pablo).
El lenguaje se pervierte y se manipula, se le vacía de significado real. Por ejemplo, si preguntamos a una pareja si se aman, aparece la duda sobre la interpretación que darán al «amor». ¿Qué significado se da a esta palabra? Desgraciadamente las respuestas pueden ser totalmente contradictorias.
Nos encontramos envueltos en una gran confusión de valores sobre la educación, la vida conyugal y familiar y en la vida religiosa estos gérmenes tratan de introducirse y contaminar a las almas consagradas en una exaltación de la libertad como ausencia de normas y de referencia al absoluto y trascendente. Se llega a proclamar el derecho de cada quien a construir su vida en conformidad con su propia verdad, llegando hasta matar al inocente o ir en contra de las leyes naturales. El Papa Juan Pablo II, gran defensor de la dignidad y de la verdad del hombre, denuncia al siglo XX como una nueva época de la Torre de Babel; una época en la cual la sociedad no se entiende, precisamente porque cada hombre tiene el lenguaje que le interesa.
¿Cómo le haremos ver a una persona cuando sus valores, ideas y comportamientos se han apartado de un esquema moral objetivo, si esta persona percibe su alrededor repleto de opiniones distintas a cuantas se le proponen? Recurriendo a las fuentes de la verdad ya mencionadas. En este sentido, debemos agradecer a Dios por la Iglesia y su Magisterio auténtico. Defensora y servidora de la verdad, la Iglesia no «impone», más bien defiende la dignidad de la persona humana y el bien de la sociedad.
www.catholic.net
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viernes, 16 de octubre de 2015
LA CRUZ DE LOS CATÓLICOS
"Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del
Hombre" (Mt 24,30). La cruz es el símbolo del cristiano, que nos enseña
cuál es nuestra auténtica vocación como seres humanos.
Hoy parecemos asistir a la desaparición progresiva del
símbolo de la cruz. Desaparece de las casas de los vivos y de las tumbas de los
muertos, y desaparece sobre todo del corazón de muchos hombres y mujeres a
quienes molesta contemplar a un hombre clavado en la cruz. Esto no nos debe
extrañar, pues ya desde el inicio del cristianismo San Pablo hablaba de falsos
hermanos que querían abolir la cruz: "Porque son muchos y ahora os lo digo
con lágrimas, que son enemigos de la cruz de Cristo" (Flp 3, 18).
Unos afirman que es un símbolo maldito; otros que no hubo
tal cruz, sino que era un palo; para muchos el Cristo de la cruz es un Cristo
impotente; hay quien enseña que Cristo no murió en la cruz. La cruz es símbolo
de humillación, derrota y muerte para todos aquellos que ignoran el poder de
Cristo para cambiar la humillación en exaltación, la derrota en victoria, la
muerte en vida y la cruz en camino hacia la luz.
Jesús, sabiendo el rechazo que iba producir la predicación
de la cruz, "comenzó a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a
Jerusalén y sufrir mucho... ser matado y resucitar al tercer día. Pedro le tomó
aparte y se puso a reprenderle: '¡Lejos de ti, Señor, de ningún modo te
sucederá eso!' Pero Él dijo a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás!¡...porque
tus pensamientos no son de Dios, sino de los hombres!" (Mt 16, 21-23).
Pedro ignoraba el poder de Cristo y no tenía fe en la
resurrección, por eso quiso apartarlo del camino que lleva a la cruz, pero
Cristo le enseña que el que se opone a la cruz se pone de lado de Satanás.
Satanás el orgulloso y soberbio odia la cruz porque
Jesucristo, humilde y obediente, lo venció en ella "humillándose a sí
mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz", y así transformo la
cruz en victoria: "...por lo cual Dios le ensalzó y le dio un nombre que
está sobre todo nombre" (Flp 2, 8-9).
Algunas personas, para confundirnos, nos preguntan:
¿Adorarías tú el cuchillo con que mataron a tu padre?
¡Por supuesto que no!
1º. Porque mi padre no tiene poder para convertir un símbolo
de derrota en símbolo de victoria; pero Cristo sí tiene poder. ¿O tú no crees
en el poder de la sangre de Cristo? Si la tierra que pisó Jesús es Tierra
Santa, la cruz bañada con la sangre de Cristo, con más razón, es Santa Cruz.
2º. No fue la cruz la que mató a Jesús sino nuestros
pecados. "Él ha sido herido por nuestras rebeldías y molido por nuestros
pecados, el castigo que nos devuelve la paz calló sobre Él y por sus llagas
hemos sido curados". (Is 53, 5). ¿Cómo puede ser la cruz signo maldito, si
nos cura y nos devuelve la paz?
3º. La historia de Jesús no termina en la muerte. Cuando
recordamos la cruz de Cristo, nuestra fe y esperanza se centran en el
resucitado. Por eso para San Pablo la cruz era motivo de gloria (Gál 6, 14).
Nos enseña quiénes somos
La cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos y
cuál es nuestra dignidad: el madero horizontal nos muestra el sentido de
nuestro caminar, al que Jesucristo se ha unido haciéndose igual a nosotros en
todo, excepto en el pecado. ¡Somos hermanos del Señor Jesús, hijos de un mismo
Padre en el Espíritu! El madero que soportó los brazos abiertos del Señor nos
enseña a amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Y el madero vertical
nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No tenemos morada acá en la tierra,
caminamos hacia la vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: la Trinidad que
nos ha creado por amor. Y un destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz
nos enseña cuál es nuestra real identidad.
Nos recuerda el Amor Divino
"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único
para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna".
(Jn 3, 16). Pero ¿cómo lo entregó? ¿No fue acaso en la cruz? La cruz es el
recuerdo de tanto amor del Padre hacia nosotros y del amor mayor de Cristo,
quien dio la vida por sus amigos (Jn 15, 13). El demonio odia la cruz, porque
nos recuerda el amor infinito de Jesús. Lee: Gálatas 2, 20.
Signo de nuestra reconciliación
La cruz es signo de reconciliación con Dios, con nosotros
mismos, con los humanos y con todo el orden de la creación en medio de un mundo
marcado por la ruptura y la falta de comunión.
La señal del cristiano
Cristo, tiene muchos falsos seguidores que lo buscan sólo
por sus milagros. Pero Él no se deja engañar, (Jn 6, 64); por eso advirtió:
"El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 7, 13).
Objeción: La Biblia dice: "Maldito el que cuelga del
madero...".
Respuesta: Los malditos que merecíamos la cruz por nuestros
pecados éramos nosotros,
pero Cristo, el Bendito, al bañar con su sangre la
cruz, la convirtió en camino de salvación.
El ver la cruz con fe nos salva
Jesús dijo: "como Moisés levantó a la serpiente en el
desierto, así tiene que ser levantado (en la cruz) el Hijo del hombre, para que
todo el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3, 14-15). Al ver la
serpiente, los heridos de veneno mortal quedaban curados. Al ver al
crucificado, el centurión pagano se hizo creyente; Juan, el apóstol que lo vio,
se convirtió en testigo. Lee: Juan 19, 35-37.
Fuerza de Dios
"Porque la predicación de la cruz es locura para los
que se pierden... pero es fuerza de Dios para los que se salvan" (1 Cor 1,
18), como el centurión que reconoció el poder de Cristo crucificado. Él ve la
cruz y confiesa un trono; ve una corona de espinas y reconoce a un rey; ve a un
hombre clavado de pies y manos e invoca a un salvador. Por eso el Señor
resucitado no borró de su cuerpo las llagas de la cruz, sino las mostró como
señal de su victoria. Lee: Juan 20, 24-29.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
LA MUERTE
¿POR QUÉ TIENES MIEDO A LA MUERTE?
Es normal, todos los hombres tenemos miedo a ese momento. Es
el fin de tu vida, dejas a tus seres queridos, y sobre todo es algo
desconocido: no sabes que va a pasar después. Ninguna persona ha regresado a
contarte qué pasa después.
¿A dónde irás? ¿Cómo te juzgarán?
- Sin embargo, Jesús cuando vino al mundo nos dejó varios
mensajes y la Iglesia en su CATECISMO nos explica claramente la muerte.
¿QUÉ ES LA MUERTE?
- La muerte es el final de la vida en este mundo.
Es la partida en la que el alma se separa del cuerpo.
LA MUERTE ES CONSECUENCIA DEL PECADO
- Es importante que sepas, que al principio cuando
Dios creo al hombre, la muerte no existía. Es decir, todos
los hombres estaban destinados a vivir para siempre, eternamente en el Paraíso.
- Después el hombre uso mal la libertad que Dios le había
regalado, lo desobedeció (comiendo la manzana del árbol prohibido) y fue cuando
entro al mundo la muerte.
LA MUERTE FUE TRANSFORMA DA POR CRISTO
- Dios nos amó tanto que envió a su hijo Jesús, quien por su
propia voluntad murió por nosotros en la cruz y resucitó al tercer día,
logrando así vencer a la muerte. Gracias a Él, no morimos para siempre, sino
que podremos vivir eternamente con Dios.
- ¿Alguna vez le has dado las gracias de corazón a Jesús por
su sacrificio, por devolverte la oportunidad de vivir una vida nueva para
siempre? El resucitó y nosotros podremos resucitar con El.
¿CÓMO VE UN CATÓLICO LA MUERTE?
- Ya dijimos que el miedo, la tristeza de perder un ser
querido, el dolor... son naturales. Todos los hombres tenemos sentimientos, sin
embargo en la muerte hay una alegría profunda para el católico. Seguramente en
alguna misa de difuntos has oído las siguientes palabras:
¨¨La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma;
y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el
Cielo ¨.
- ¡ Al morir, nos liberamos del pecado, del dolor, de todo
lo malo que hay en el mundo y vamos a un lugar precioso donde todo es amor y
felicidad.
Viviremos para siempre en compañía de Dios !.
Así debemos ver la muerte.
- La muerte es sin duda un momento duro para quien la vive y
para sus seres queridos que le acompañan, pero un católico debe vivirla en paz,
con serenidad, con alegría espiritual.
CRISTO NOS ENSEÑÓ QUE LOS HOMBRES MUEREN UNA SOLA VEZ
- No te dejes engañar ni confundir por aquellas personas de
otras religiones o sectas que dicen que existe la ¨REENCARNACIÓN¨ después. de
la muerte. Esta gente equivocada piensa que ha tenido varias vidas, que en su
vida pasada fueron otra persona y que cuando se mueran van a volver a nacer en
otro cuerpo.
Esto es mentira.
- Aprende bien que es diferente ¨reencarnación¨
que ¨RESURRECCIÓN¨ , que significa que tú mismo y único
cuerpo que tienes volverá a la vida el día de la Resurrección de los Muertos.
- En uno de los folletos siguientes hablaremos con más
detalle del día de la Resurrección de los Muertos .
ERES TÚ MISMO QUIEN DECIDE TU DESTINO FINAL
- En la muerte Dios llama al hombre hacia sí.
- Dios te da la VIDA, el tiempo para realizarte aquí en la tierra y
para que tú, usando el regalo que Él te dio _la LIBERTAD_, decidas tu último destino, o sea
a donde irás para siempre después de la muerte.
- Esto es muy importante que lo entiendas: no es Dios quien
te mandará al cielo, al purgatorio o al infierno, eres TÚ MISMO quien tienes la
libertad de decidir, de acuerdo a como te comportes en esta vida, en cuál de
esos lugares quieres acabar.
LA IGLESIA TE ANIMA A VIVIR PREPARADO PARA LA HORA DE TU
MUERTE
- Para no temer a ese momento, el evangelio nos dice:
¨ Estad preparados, porque nadie sabe ni el día ni la hora...
¨
- ¿Y cómo te preparas?
A) Debes VIVIR CADA DÍA COMO SI FUERA EL ÚLTIMO, como si
pronto hubieses de morir. Actuar siempre de acuerdo a lo que sabes que es
correcto a los ojos de Dios (está claro en los 10 mandamientos) y evitar a
toda costa ofenderle; el pecado te separa de Él.
Si alguna vez cometieras algún pecado grave, no esperes, ve cuanto
antes a confesarte con un sacerdote.
B) Debes CUMPLIR cada día con sencillez y AMOR, lo que tú
crees que es LA VOLUNTAD DE DIOS.
¿Y cuál es la voluntad de Dios?
Dios puso a cada persona en un lugar diferente; puedes ser
padre, madre, sacerdote, hijo, campesino, obrero, empresario, gobernante, ser
una persona con salud o sin ella, con dinero o sin él… pues cada uno debe de
tratar de aprovechar lo que Dios le ha dado, de portarse lo mejor posible, de
trabajar y cumplir bien esa misión que Dios le dio en el lugar en el que está
Sobretodo debes amar, amar mucho ahí donde Dios te puso.
También cada día que va pasando Dios te va pidiendo algo
diferente: una muestra de cariño, un sacrificio, un esfuerzo extra, un perdón
que te cuesta darlo, una ayuda al más necesitado, debes abrir bien los ojos
para descubrir qué es lo que Dios quiere de ti cada día
C) Puedes ORAR Y PEDIR a Dios y a la Virgen para que te den
UNA BUENA MUERTE…
Cada vez que rezas el Ave María, recuerda que dices: ¨Ruega
por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte¨. Si se lo pides de corazón
seguramente la Virgen no te dejará sólo en ese momento.
Hay una oración especial para pedir la gracia de una buena
muerte, puedes rezarla cuando lo desees:
¨ Oh Dios, que me has creado a imagen tuya y haz entregado a
tu hijo Jesús a la muerte por mí, concederme la gracia de vivir vigilando en
oración, para que pueda salir sin pecado de este mundo y descansar con alegría
en el regazo de tu amor para toda la eternidad. Amén¨.
D) Recuerda que Cristo nos dejó el sacramento
UNCIÓN DE LOS ENFERMOS, que un sacerdote puede dar a una
gente que está en peligro de muerte. Al recibirlo, la persona recibe de Dios
fuerza, ánimo y consuelo y le ayuda a prepararse para una buena muerte.
El sacerdote puede confesar a la persona que está por morir
y perdonarle sus pecados.
Hay algunas personas que piensan que el llevar un sacerdote
a un enfermo o moribundo para que le dé la Unción de los enfermos, no más lo va
a asustar, porque va a creer que se está muriendo.
Si este sacramento puede perdonar, ayudar y dar paz al alma,
si puede ser el pase definitivo de esta persona para poder entrar al cielo para
siempre. ¿Tú crees que es justo negárselo a cualquier persona? solo porque no
se vaya a asustar de ver llegar al Padre.
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martes, 22 de septiembre de 2015
ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN
1. ¿Qué es?
El escapulario del Carmen es el signo externo de devoción
mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la
inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.
El distintivo externo de esta inscripción o consagración es
el pequeño escapulario marrón.
El escapulario del Carmen es un sacramental, es decir, según
el Concilio Vaticano II, "un signo sagrado según el modelo de los
sacramentos, por medio del cual se significan efectos, sobre todo espirituales,
que se obtienen por la intercesión de la Iglesia". (S.C.60).
2.- Origen y propagación
A finales del siglo XII o principio del XIII nacía en el
monte Carmelo, de Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron
obligados a emigrar a Occidente. En Europa, tampoco fueron muy bien recibidos
por todos. Por ello el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicaba
con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:
Flor del Carmelo
viña florida
esplendor del Cielo
Virgen fecunda
¡Oh madre tierna!
intacta de hombre
a los carmelitas
proteja tu nombre
(da privilegios)
Estrella del mar.
En 1251, la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una
multitud de ángeles, se apareció a San Simón Stock, General de los Carmelitas,
con el escapulario de la Orden en sus manos, y le dijo: "Tú y todos los
Carmelitas tendréis el privilegio, que quien muera con él no padecerá el fuego
eterno"; es decir, quien muera con él, se salvará.
Este relato lo encontramos ya en un santoral de fines del
siglo XIV, que sin duda lo toma de códices más antiguos. En el mismo siglo XIII
Guillermo de Sandwich O.C. menciona en su "Crónica", la aparición de
la Virgen a San Simón Stock prometiéndole la ayuda del Papa.
La promesa del escapulario es de tal trascendencia, que
precisamente por ello suscitó fuerte oposición.
3. Significado del Escapulario
Al vestir el escapulario, y durante toda la vida, es muy
importante que sepamos apreciar su profundo y rico significado, como
pertenencia a una Orden, a la del Carmen, con obligación de vivir según su rica
espiritualidad y su propio carisma. Quien viste el escapulario debe procurar
tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes,
su vida y obrar como Ella, María, obró, según sus palabras: "He aquí la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".
El escapulario del Carmen es un MEMORIAL de todas las
virtudes de María. Así lo recordaba a todos: religiosos, terciarios, cofrades.
"Que forman, por un especial vínculo de amor, una misma familia de la
Santísima Madre", el Papa Pío XII, el 11.2.1950.
Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de
humildad y castidad.
Vean, en la forma sencilla de su hechura, un compendio de
modestia y candor.
Vean, sobre todo, en esta librea que visten ida y noche,
significada, con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el
auxilio divino.
Reconozcan, por fin, en ella su consagración al Sacratismo
Corazón de la Virgen Inmaculada, s recientemente recomendada".
Cada escapulario tiene sus privilegios o gracias
particulares, pero todos pueden sustituirse por la medalla-escapulario (cfr.
Decreto de 16-XII-1910). Sería falta de fe en la autoridad suprema del Vicario
de Cristo que confiere a esta medalla tal privilegio, creer que vale menos,
para ganar las promesas, llevar la medalla que los trozos de paño (aunque en
determinados casos, por otras razones externas de mayor visibilidad, etc.,
puede ser preferible el escapulario de paño).
La medalla-escapulario debe tener por una parte la imagen de
Jesús con el Corazón, y por la otra una imagen de la Virgen bajo cualquier
advocación. Lo mismo que los escapularios ha de estar bendecida por un
sacerdote.
4. Valor de la promesa del Escapulario
Es doctrina católica, repetida por el Concilio Vaticano II:
"El conjunto de los fieles, porque tiene la unción del Espíritu Santo
(cfr. 1 Jn. 2, 20-27) no puede equivocarse cuando cree, y esta peculiar
propiedad suya la manifiesta por el sentido sobrenatural de fe de todo el pueblo
cuando, desde los Obispos hasta los últimos fieles, presta su consentimiento
universal en lo referente a la fe y costumbres. Con este sentido de fe... y
bajo la guía del sagrado Magisterio... se adhiere infaliblemente a ella, con
certero juicio la penetra más profundamente y la aplica más plenamente a la
vida" (L.G. 12).
Esta precisa y espléndida formulación conciliar no puede ser
más explícita. Y es que la misma prerrogativa de infalibilidad concedida por
Jesús a su Vicario mediante la asistencia del Espíritu Santo, tiene
precisamente como finalidad que el conjunto del Pueblo de Dios, su Iglesia y
Cuerpo místico, no se equivoque, por ejemplo, con una devoción aceptada por
todos.
En consecuencia: Si la promesa del Escapulario aplicada a
todos los fieles (proceda de la visión de San Simón Stock o de donde sea) no
fuese verdadera, el Espíritu Santo no hubiera permitido que la Iglesia, el
conjunto del Pueblo de Dios, la tuviese por cierta. Para muchos la prueba es
irrefutable, ni para ello es necesaria una definición del Magisterio Supremo.
Aunque sí hubo controversias y fueron dirimidas por la Santa Sede
5.- Privilegio sabatino
El Escapulario del Carmen además de la promesa de salvación
para quienes mueran con él, lleva también consigo el llamado privilegio sabatino.
Según la tradición, a la muerte de Clemente V (1314), en el
cónclave que duró dos años y tres meses, la Santísima Virgen se apareció al
Cardenal Jaime Duesa, muy devoto de ella, y le anunció que sería Papa con el
nombre de Juan XXII, y añadió: "Quiero que anuncies a los Carmelitas y a
sus Cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme
con su estado, y recen el oficio divino, - o los que no sepan leer se abstengan
de comer carne los miércoles y sábados -, si van al purgatorio Yo haré que
cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a su muerte sean trasladadas
sus almas al cielo".
En resumen: el privilegio sabatino consiste en que la
Santísima Virgen sacará del purgatorio cuanto antes, especialmente el sábado
después de su muerte, a quienes hayan muerto con el Escapulario y durante su
vida hayan guardado castidad según su estado y rezado todos los días el oficio
parvo. (Este se puede sustituir por la Liturgia de las Horas o por la
abstinencia de carne los miércoles y sábados, o un sacerdote con facultad para
ello, lo puede conmutar por otra obra piadosa, v.gr. el rezo diario del
Rosario). Si uno peca contra la castidad o deja un día de hacer la obra
prescrita, podrá recuperar el privilegio al confesarse y cumplir la penitencia
(de manera semejante a como se recuperan los méritos perdidos por el pecado
mortal, lo cual parece casi excesiva generosidad de Dios, pero es doctrina
católica).
La certeza de este privilegio más que histórica, como
decíamos del Escapulario, está fundada en la potestad de la Iglesia que así lo
propone y recomienda. Sería temerario y ofensivo para la Iglesia, cuya Cabeza
es Cristo y su alma vivificante el Espíritu Santo, creer que comete una
equivocación secular y universal en algo que pertenece a la doctrina y vida
cristiana.
En 1950 recordaba Pío XII: "Ciertamente, la piadosa
Madre no dejará de hacer que los hijos que expían en el Purgatorio sus culpas,
alcancen lo antes posible la patria celestial por su intersección, según el
llamado privilegio sabatino, que la tradición nos ha trasmitido" con estas
palabras:
"Yo, su Madre de Gracia, bajaré el sábado después de su
muerte y a cuantos - religiosos, terciarios y cofrades - hallaré en el
Purgatorio los liberaré y los llevaré al monte santo de vida eterna".
6.- Protección maternal
Por su profundo simbolismo mariano, por los grandes
privilegios y por el gran amor y privilegiada asistencia, que ha manifestado a
través de los siglos la Santísima Virgen del Carmen a quienes visten
devotamente su escapulario, es lo que tan prodigiosamente se ha extendido por
doquier esta piadosa devoción de vestir su escapulario.
Sobre todo por su rico simbolismo: ser hijo de María, ver en
él todas las virtudes de María, ser símbolo de nuestra consagración filial a la
Madre Amable. Por Morir en gracia de Dios, quien lo vista piadosamente.
Por que saldrá del Purgatorio cuanto antes quien muera
devotamente con él.
Por llegar su protección a todos los momentos de la vida, a
la muerte y aún más alla". En la vida protejo; en la muerte ayudo, después
de la muerte salvo, con sus credenciales.
Por los innumerables prodigios que ha obrado.
Por las relaciones con sus apariciones mas recientes en
Lourdes y Fátima.
Por las muchas indulgencias que disfrutan quienes visten
este escapulario.
7.- Indulgencias
He aquí las indulgencias plenarias y parciales para los que
visten el escapulario.
A).- Indulgencias plenarias.-
1. El día que se viste el escapulario y el que es inscrito
en la Tercera Orden o Cofradía.
2. En estas fiestas:
a) Virgen del Carmen (16 de Julio o cuando se celebre);
b) San Simón Stock (16 de mayo);
c) San Elías Profeta (20 de Julio);
d) Santa Teresa de Jesús (15 de Octubre),
e) Santa Teresa del Niño Jesús (1 de octubre);
f) San Juan de la Cruz (14 de Diciembre);
g) Todos los Santos Carmelitas (14 de Noviembre).
B).- Indulgencias Plenaria el día del Carmen.- El día del
Carmen, 16 de Julio, o en la fecha que exactamente se celebre, tiene concebida
una indulgencia plenaria.
C).- Indulgencia parcial.- Se gana indulgencia parcial por
usar piadosamente el santo escapulario. Se puede ganar no sólo por besarlo,
sino por cualquier otro acto de afecto y devoción. Y sólo al escapulario, sino
también a la medalla-escapulario.
8.- Recomendación pontificia
Desde el siglo XVI -que es cuando se extiende por toda la
cristiandad el uso del escapulario del Carmen- casi todos los Papas lo han
vestido y propagado. El Papa Juan Pablo II, que es terciario carmelita, ha
recordado en diversas ocasiones que viste con devoción, desde niño, el
escapulario del Carmen.
La Iglesia, como reconocimiento y estímulo de las más
importantes verdades y prácticas cristianas, instituye las fiestas litúrgicas
(misa y oficio propio, etc.). Ese es el valor que tiene la fiesta de la Virgen
del Carmen, el 16 de julio, extendida por Benedicto XIII a toda la Iglesia
universal. Además a la Virgen del Carmen la veneran como Patrona de pescadores,
marineros y toda la gente del mar; también la república de Chile bajo su
advocación de Nuestra Señora del Carmen de Maipú.
9.- Bendición e imposición
La Sagrada Penitenciaria Apostólica -de quien depende esta
legislación- ha dicho que se recomienda el uso tradicional del escapulario en
cuanto a tamaño, materia, color, etc., que pueden usarse también otros.
Cualquier sacerdote puede bendecir e imponer el escapulario
del Carmen a los fieles en general.
Para quedar inscrito en la cofradía organizada o Tercera
Orden del Carmen, este sacerdote debe estar facultado por el superior General
de los Carmelitas. Los simples fieles no pueden bendecirlos ni imponerlos.
Esta es la fórmula para bendecirlo e imponerlo: V:
Muéstranos Señor, tu misericordia.-
R: Y danos tu salvación.
V: Escucha, Señor, mi oración.
R: Y llegue a ti mi clamor.
V: El Señor esté con vosotros.
R: Y con tu espíritu.
OREMOS. Señor nuestro Jesucristo, Salvador del género
humano, bendice con tu diestra a est hábito que, por tu amor y el de tu Madre
la Virgen María del Monte Carmelo, va a llevar con devoción tu siervo (o
sierva), a fin de que por la intercesión de tu misma Madre y defendido(a) del
maligno espíritu, persevere en tu gracia hasta la muerte: Que vives y reinas
por los siglos de los siglos.- R: Así sea.
A continuación rocía el escapulario con agua bendita y
después lo impone a la persona o personas (a cada una por separado). Diciendo a
cada una.
Recibe este hábito bendito, suplicando a la Santísima Virgen
que, por sus méritos, lo lleves sin mancha, le defienda contra todas las
adversidades y te conduzca a la vida eterna. R: Así sea.
Y añade: Yo, usando de la potestad que se me ha concedido,
te recibo a la participación de todos los bienes espirituales que, por la
misericordia de Jesucristo, practican los religiosos Carmelitas. En el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.- R: Así sea.
Que te bendiga el Creador del cielo y de la tierra, el Dios
todopoderoso, que se ha dignado incorporarle a la Cofradía de la Santísima
Virgen del monte Carmelo, a quien imploramos que en la hora de tu muerte abata
la cabeza de la serpiente infernal y finalmente, consigas las palmas y la
corona de la herencia sempiterna. Por Jesucristo nuestro Señor.- R: Así sea. Y
rocía el nuevo cofrade con agua bendita. Cuando son más de una de las personas
que han de recibir el santo escapulario, se dice en plural. No deje de
exhortarles a que vistan dignamente el escapulario, tratando de imitar las
virtudes de María.
En caso de necesidad, basta para bendecir el escapulario la
señal de la cruz del sacerdote y las palabras. "En el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, Amén".
10. Tipos de escapularios
Escapulario café (Carmelita)
Escapulario verde
Cuando en la familia hay algún familiar o amigo que se
encuentra lejos de la fe y uno desea hacer algo al respecto, María Madre
Santísima nos dio una forma de convertirles cuando ella se le apareció a la
Hermana Justina Bisqueyburu en 1840, llevando "la vestidura de la
conversión - El escapulario verde." Ella dijo:
“Esta insignia santa de mi Inmaculado Corazón ha de ser un
gran medio para la conversión de almas..."
Por un periodo de más de seis años, La Virgen se le apareció
a la Hermana Justina y le respondió muchas preguntas con relación al
escapulario y a su uso. La Virgen María dijo que el Escapulario Verde no
necesita ninguna bendición especial, y no necesita inscripción como el
Escapulario Café. Puede ser bendecido por cualquier Sacerdote. Si la persona
que nosotros queremos que se beneficie de este escapulario no conviene en
llevarlo consigo, este se puede colocar en cualquier sitio de su habitación.
Cada día se debe decir la siguiente oración: "Inmaculado corazón de María,
ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte" Si la persona por
quien se tiene intención en el escapulario no va a decir la oración, entonces
aquel que lo regala debe de decirla en su lugar, todos los días. La Virgen
María dijo:
"Las gracias más grandes se obtienen por el uso del
escapulario, pero estas gracias vienen en proporción directa con el grado de
confianza que el usuario tenga en mí." Santa Brígida tenía tal confianza
en la Virgen María. Por esto la Virgen le reveló:" no hay pecador en el
mundo, que aunque se encuentre en enemistad con Dios, no pueda regresar a Dios
y recuperar su Gracia si él o ella tiene recurso a mí y pide mi
asistencia."
jueves, 10 de septiembre de 2015
EL CIELO
¿Qué es el cielo?
La definición del Cielo que nos da el Catecismo de la
Iglesia Católica es:
"El Cielo es la participación en la naturaleza divina,
gozar de Dios por toda la eternidad, la última meta del inagotable deseo de
felicidad que cada hombre lleva en su corazón. Es la satisfacción de los más
profundos anhelos del corazón humano y consiste en la más perfecta comunión de
amor con la Trinidad, con la Virgen María y con los Santos. Los bienaventurados
serán eternamente felices, viendo a Dios tal cual es." Catecismo de la
Iglesia Católica, 1023-1029, 1721-1722.
Seguramente has de estar pensando: "¿Qué el Cielo es
qué? ¡No entendí nada! Algo tan difícil de entender no debe ser tan
bueno", o tal vez: "¡Qué aburrido suena eso de contemplar a Dios… y
por toda la eternidad! A mí me gusta la actividad, eso de ángeles, querubines y
cantos gregorianos… ¡como que no se me antoja!"
Realmente esta imagen del Cielo resulta muy poco atractiva
para cualquiera, pero es que el Cielo no es como lo pintan los cuadros. ¿Qué
tal si te digo que el Cielo es algo así como la suma de todos tus momentos
felices, de todos tus deseos cumplidos, de todos tus "hobbies"
realizables? Empieza a sonar interesante, pero aún se queda corto.
Ante la imposibilidad de explicar lo que es el Cielo, muchos
autores y teólogos han intentado describirlo como lo que no es: en el Cielo no
habrá sufrimiento, no habrá hambre, ni sed, ni cansancio, ni injusticias, no
existirá el dolor y tampoco la muerte.
Esto es un buen comienzo, sin embargo, es demasiado pobre el
describir el Cielo como la ausencia del mal, pues el Cielo es eso y mucho más.
El Cielo es felicidad que rebasa nuestros deseos, actividad
sin cansancio, descanso sin aburrimiento, conocimiento sin velos, grandeza sin
exceso, amor sin afán de posesión, perdón sin memoria, gratitud sin
dependencia, amistad sin celos, compañía sin estorbos. En el Cielo, Dios nos
concederá mucho más de lo que podemos pedir o imaginar y aún aquello que no nos
atrevemos a pedir.
Realmente puedes imaginarte el Cielo como quieras: imagina
el lugar más bello que hayas visto, llénalo de todo lo que te guste y quítale
todo lo que te disguste, despúes pon en él todo lo bueno que te puedas
imaginar, acompañado de gente extraordinariamente buena y simpática, haciendo
aquello que más te guste. Cuando hayas terminado de visualizar así el Cielo,
puedes estar seguro de que esa imagen es nada junto a lo que realmente será.
¿Por qué se usa el cielo como símbolo del Cielo?
La bóveda celeste, el firmamento, es el símbolo que desde
siempre se ha utilizado para representar el Cielo. Este símbolo significa lo
trascendente, lo inaccesible, lo infinito. Si observamos el cielo en una noche
estrellada, forzosamente nos llenaremos de admiración y sobrecogimiento ante la
belleza y la grandiosidad del mismo. Sin embargo, el Cielo, la felicidad
eterna, sobrepasa este símbolo.
¿Es el Cielo un lugar? ¿En dónde se encuentra?
No lo podemos ubicar ni arriba ni abajo, ni delante ni
detrás, pues el Cielo no es un lugar, sino un estado en el cual los hombres
encontraremos la felicidad buscada y la conservaremos por toda la eternidad.
¿En el Cielo seremos como ángeles o tendremos también
cuerpo?
Dios nos ha creado como hombres y nos ama como hombres, por
eso, el premio que nos ofrece es para disfrutarlo como hombres, dotados de alma
y cuerpo.
En el Cielo nuestra alma disfrutará al estar en contacto con
Dios y, después de la resurrección de los cuerpos, también disfrutaremos con un
cuerpo, aunque será un cuerpo distinto, un cuerpo glorioso que ya no estará
limitado por el espacio y el tiempo, como el de Jesús resucitado, que podía
aparecer y desaparecer en cualquier lugar. San Pablo habla de esto en I Cor 15,
40 ss.: Sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros
seremos transformados. Porque es necesario que ese ser corruptible sea
revestido de incorruptibilidad y que ese ser mortal sea revestido de inmortalidad.
¿Cómo podré ser feliz si alguna de las personas a quienes
amo están en el infierno?
Por supuesto esto es un misterio, pero la felicidad que
recibirás en el Cielo colmará todas tus necesidades y nada podrá limitarla.
Tendrás el conocimiento perfecto y una claridad absoluta
acerca de las intenciones de los demás, te darás cuenta de que los condenados
no están recibiendo un castigo injusto, sino que ellos mismos lo han escogido
libre y voluntariamente. Su sufrimiento no afectará tu felicidad plena.
¿Existen diferentes tipos o niveles de felicidad en el
Cielo?
Sí, pero esto no se debe a que el Cielo sea diferente, sino
a que las personas que llegan a él son diferentes. La felicidad será plena para
todo el que llegue al Cielo. No es que unos sean más felices que otros, todos
serán totalmente felices en la intimidad con Dios , pues todos estarán
totalmente llenos de Dios. La diferencia está en que, así como hay vasos
grandes a los que les cabe más agua que a otros más pequeños, de la misma
manera, hay almas más santas y otras menos, de acuerdo con la capacidad que
cada uno desarrolló a lo largo de su vida.
Lo que Jesús nos dijo acerca del Cielo.
Jesús nos habla en el Evangelio muchísimas veces acerca del
Cielo y nos lo explica en un lenguaje que podemos entender:
A los hambrientos les hablaba de pan, a la samaritana de un
agua que sacia definitivamente la sed (Jn 4, 1 ss). Hablaba de perlas preciosas
(Mt 13, 45.), de onzas de oro, de una oveja perdida y recuperada. Nos habla de
un banquete, de una fiesta de bodas, de redes colmadas de peces, de un tesoro
escondido en el campo.
Todos estos símbolos que utiliza Jesucristo nos pueden dar
una idea de la felicidad que tendremos en el Cielo, ya que las felicidades
terrenas son una imagen de la felicidad celeste.
Algunos testimonios de los que han visto lo que es el Cielo
Han existido muchos santos a los que Dios les ha concedido
la gracia de poder ver lo que es el Cielo. He aquí algunos de sus testimonios,
con los cuales han tratado de explicarnos con palabras terrenas lo que nos
espera en el Cielo:
San Pablo: Dios es capaz de hacer indeciblemente más de lo
que nosotros pedimos o imaginamos (Ef 3,20).
Nada son los sufrimientos de la vida presente, comparados
con la gloria que nos espera en el Cielo (2 Cor 4,17).
Teresa de Jesús: Pude ver a Jesús en su Santa Humanidad
completa. Se me apareció con una belleza y una majestad incomparables. No temo
decir que, aunque no tuviéramos otro espectáculo para encantar nuestra vista en
el Cielo, ya sería una gloria inmensa. (Vida de Santa Teresa).
San Agustín: Es más fácil decir qué cosas no hay en el
cielo, que decir qué cosas hay:
En el Cielo contemplaremos y descansaremos, descansaremos y
alabaremos, alabaremos y amaremos, amaremos y contemplaremos. (Confesiones).
San Juan de la Cruz: Tanto es el deleite de la vista de tu
ser y hermosura, que no la puede sufrir mi alma, sino que tengo que morir
viéndola, máteme tu vista y hermosura. (Cántico espiritual).
San Francisco de Asís: El bien que espero es tan grande, que
toda pena se me convierte en placer.
¿Qué debo hacer para alcanzar el Cielo?
Jesús nos habla en el Evangelio del camino a seguir:
Entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13.).
Tomar la cruz.
Vender todo lo que tienes y dárselo a los pobres.
Dejar a tu padre y a tu madre.
Tomar el arado y no voltear hacia atrás.
¡Se oye muy fuerte! ¡Parece muy difícil! Sin embargo, si
vuelves a leer los testimonios de los santos que han podido verlo, te darás
cuenta de que vale la pena y que ningún sufrimiento es demasiado grande para
evitar que luchemos por él.
Querer ganar el Cielo significa tratar de tenerlo desde
ahora y eso, como ya vimos, se logra viviendo las Bienaventuranzas.
Tener el Cielo es tener a Dios y tener a Dios es vivir en
gracia.
Entre la gloria y la gracia no hay diferencia en esencia:
Quien tiene la bellota, ya tiene el encino; quien posee la gracia santificante,
posee el Cielo, es decir a Dios. Las diferencias son en el modo de tenerlo:
Aquí en la Tierra, quien tiene la bellota, tendrá más tarde el encino. La
bellota no es aún el encino, pero llegará a serlo. En la tierra vemos el
capullo, en el cielo la flor; en la tierra el amanecer, en el cielo el
mediodía; aquí las sombras, allá la luz; aquí lo parcial, allá la plenitud;
aquí la lucha, allá la victoria.
Los medios para vivir siempre en gracia ya los conoces:
- la oración;
- la huida de las ocasiones de pecado;
- el sacrificio;
- la frecuencia en la recepción de los sacramentos;
- la devoción a la Virgen María,
- la vivencia de las Bienaventuranzas.
Para salir victoriosos en el Juicio Final: Jesús nos lo dice
claramente:
"Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me
disteis de comer, porque tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me
vestisteis, forastero y me acogisteis, enfermo y me visitasteis… Todo lo que
hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis."
fuente: www.catholic.net
La meta a la que aspira la Iglesia es la “Jerusalén nueva”,
el “Paraíso” o el Cielo, como comúnmente se le conoce. Pero “más que de un
lugar, se trata de un ‘estado’ del alma, en el cual nuestras expectativas más
profundas serán cumplidas de manera superabundante y nuestro ser, como
criaturas y como hijos de Dios, alcanzará la plena maduración”.
Papa Francisco I
Que opinas?.... allá nos vemos?
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